Menacer: “El régimen argelino no es capaz de reformarse a sí mismo”

“La crisis política abierta en Argelia a raíz de la intención del presidente Abdelaziz Bouteflika de presentarse a la reelección no tiene visos de terminar. Ni tan siquiera su renuncia y la promesa de una transición tutelada ha aplacado a la calle. Lyes Menacer (Argel, 1979), consultor político y periodista del diario Liberté, uno de los principales medios independientes del país, ha conversado por teléfono con El Salto para compartir su análisis sobre la situación y cuáles son los posibles escenarios de futuro”

Una entrevista de Ricard González que puedes leer aquí:

https://www.elsaltodiario.com/argelia/lyes-menacer-regimen-argelino-incapaz-reforma-solo-sobrevivir

 

 

La alquimia argelina, señales de alarma al régimen

En 2011, el mundo árabe entró en una fase histórica que sigue siendo de actualidad. La “Primavera árabe” marcó un paso muy importante, y fueron muy pocos los observadores que lo anticiparon.

Una situación parecida se está repitiendo hoy en Argelia. Nos habíamos acostumbrado tanto al reinado de Abdelaziz Buteflika, cuya presidencia empezó en el año 1999, que no quisimos creer en ninguna posibilidad de cambio.

Buteflika pudo encadenar cuatro mandatos seguidos gracias a un sistema que le apoyó a cambio de privilegios concedidos a empresarios, políticos, militares, así como miembros de los servicios de inteligencia. De aquí también el hecho de que Argelia sigue contando hoy como uno de los países los más corruptos del mundo, según la ONG Transparency International.

La situación económica de Argelia no es sana. La dependencia de la economía argelina a los ingresos generados por el gas y el petróleo permitió al aparato de estado comprar la “paz social” durante décadas. Pero algo cambió; el envejecimiento del presidente vino junto a un rejuvenecimiento de la población. El 55% de los argelinos tienen menos de 30 años, mientras los menores de 25 años forman más de 45% de la población, según los datos de la oficina nacional de las estadísticas argelina. Y son estos jóvenes que forman el corazón de la dinámica social argelina.

Buteflika tuvo su momento de gloria, y son una minoría los que lo odian. A pesar de sus defectos, se le reconoce como quien permitió al país romper con la “década negra” de los noventa, cuando los enfrentamientos entre el Ejército y varios movimientos islamistas dejarón más de 150 000 muertos.

Además, a la hora de buscar quienes son los culpables de los fallos y de los límites del país, la población tiende a criticar a elementos ocultos que forman parte del sistema más que a atacar al presidente. Para los argelinos, Buteflika no es mucho más que una pieza manipulada por unos hombres en la sombra que siguen aprovechándose del sistema. Consideran que esta actitud relativiza la culpa del presidente argelino, aunque sin disculparle totalmente.

Por mucho, con las manifestaciones actuales, Argelia está demostrando, una vez más, su singularidad en el mundo árabe. En 2011, los argelinos no quisieron imitar a los países de alrededor: consideraron que la Primavera argelina ya había ocurrido en 1988, cuando salieron a las calles para reclamar el fin de un sistema basado sobre un partido único. Hoy, se manifiestan mientras todos aquellos que se habían levantado en 2011 están intentando volver a sus casas. Pero tampoco nos debe de extrañar este hecho de parte de un país conocido como uno de los más orgullosos de la región.

¿Que va a ocurrir ahora en Argelia? En realidad, es imposible saberlo. El presidente Buteflika está ingresado actualmente en un hospital en Suiza. Si se ve obligado a renunciar a un quinto mandato, el aparato de estado recurrirá a un candidato alternativo para representar al partido del Frente de Liberación Nacional. Pero hasta en este caso, igual ganará las elecciones del 18 abril de 2019 el candidato del, sistema sea quién sea. A pesar de todo, eso no es lo que más cuenta, de momento.

Lo más importante hoy es ver como los argelinos, empezando con los jóvenes, han logrado mandar señales de alarma al régimen. Es un paso positivo. Pero para que sea determinante, las asociaciones de la sociedad civil necesitan organizarse de manera eficiente. Si el poder argelino logró imponer sus deseos a la población, es porque pudo aprovecharse de las debilidades de una sociedad civil incapaz de organizarse eficientemente. Si los argelinos desean reformar el país a largo plazo, lo lógico es que empiecen reformando sus malos hábitos ya.

Barah Mikail

(Este artículo ha sido publicado en la edición del domingo 3 de marzo de 2019 del periódico La Razón)

M. Benchicou y Argelia: una radiografía muy aproximada

Es difícil trabajar sobre Argelia sin conocer a Mohamed Benchicou, uno de los periodistas más conocidos de este país. A lo largo de su carrera, ha escrito numerosos libros y artículos donde ha destacado las particularidades – así como los abusos – de la clase política argelina. Destaca, en particular, su famoso libro, “Bouteflika, une imposture algérienne” (Bouteflika, una farsa argelina), publicado en 2004, donde exponía lo que fue, desde su punto de vista, el fracaso de las políticas adoptadas por el jefe de estado argelino desde etapas tempranas de su mandato.

Una situación alarmante

Benchicou publica ahora un nuevo libro: “Le mystère Bouteflika – radioscopie d’un chef d’état” (El misterio Bouteflika – Radioscopia de un jefe de estado). Como se desprende del título, el periodista se centra nuevamente en el presidente argelino. De hecho, al leer la palabra “radioscopia”, no podemos evitar pensar en un paralelismo, que quizás establece el autor, entre su trabajo de análisis del poder argelino y lo que se refiere al estado de salud del presidente Bouteflika. Mientras en 2004, Benchicou presentaba a un presidente activo, que estaba ejerciendo su cargo de manera “normal”, llama la atención el hecho de que, en la actualidad, el jefe de estado de Argelia esté ejerciendo el poder sentado en una silla de rueda… y con las capacidades intelectuales supuestamente muy mermadas.

En su último libro, Benchicou describe la situación argelina actual en términos bastante alarmantes. En realidad, no se puede decir que su libro añade nada nuevo a lo que ya sabemos sobre Argelia: la corrupción, el nepotismo, el clientelismo, una situación económica desastrosa, la compra por parte del régimen de la “paz social”; todos ellos son temas muy conocidos que han sido objeto de varios libros, informes y artículos. No obstante, parece que, al insistir sobre la situación desastrosa por la que atraviesa Argelia, Benchicou nos quiere hacer llegar un mensaje: a lo largo de los años, la situación en Argelia no ha hecho nada más que empeorar, incluso – o, más bien dicho, especialmente – bajo la presidencia de Abdelaziz Bouteflika. De aquí que el libro se organiza en tres partes principales: la primera, “la omertá”, referencia a aquellos tiempos lejanos cuando Bouteflika se estaba organizando para, un día, acceder al poder; la segunda, “la obsesión”, donde el autor trata, en concreto, de la obsesión de Bouteflika por aferrarse al poder; y, por último, “el botín”, que da algunas pinceladas sobre uno de los hombres de confianza de Bouteflika, así como sobre la empresa petrolera Sonatrach, verdadera vaca lechera para el poder. Benchicou llega hasta el extremo de comparar Argelia con Venezuela, aunque de manera poco convincente.

Un análisis aproximado

Si bien no se puede negar el conocimiento íntimo que Benchicou tiene de la escena política argelina, el lector puede preguntarse hasta que punto el autor estará describiendo hechos irrefutables. Por ejemplo, Benchicou considera que el presidente Bouteflika sigue tomando las decisiones principales, mientras que las pocas fotos que se han publicado del jefe de estado nos descubren un hombre disminuido, con aparente poca capacidad para decidir sobre el presente y el futuro del país. Del mismo modo, mientras Benchicou describe un país donde el clientelismo y la corrupción están provocando frustraciones adicionales a parte de la población, sin embargo, no explora el laberinto de la arquitectura institucional argelina de una manera detallada y útil para quien quiere entender mejor la naturaleza real del poder y quienes son los que están efectivamente al mando.

Estas particularidades no restan pertinencia al libro de Benchicou, ni lo nuevo que se puede aprender – o recordar – al leerlo. Al terminar el libro, el lector se quedará con unas hipótesis bastante interesantes: por ejemplo, el hecho de que el poder argelino – y el presidente Bouteflika, en particular – parecen ser muy sensibles a las presiones internacionales. En concreto, según Benchicou, los deseos y las expectativas de ciertos países– Francia, Estados Unidos –acaban siendo la brújula que guía las decisiones políticas argelinas. Un hecho que ciertamente es discutible.

Por lo tanto, nos podemos preguntar hasta que punto Benchicou nos transmite aquí una “radioscopia” exacta y fiel de la situación en Argelia. Una gran parte del libro parece dedicada a la crítica del presidente argelino a partir de hechos que, supuestamente, han ocurrido hace más de tres décadas, cuando Bouteflika todavía no era un elemento principal del poder argelino.

Bouteflika: ¿patriota u oportunista?

Entonces, ¿qué opinar de Abdelaziz Bouteflika? ¿Es un patriota o un oportunista? Mohamed Benchicou nos dice que, si el presidente sigue ejerciendo el poder a pesar de su débil salud, es porque ha dedicado toda su vida a desarrollar planes diabólicos, y que sólo dejará el cargo cuando se vaya de esta tierra. Sin excluir esta opción, también nos podemos preguntar si el hecho de que Bouteflika siga en el poder no depende de otras personas, o de otras instituciones, que prefieren quedarse con un presidente débil mientras se aprovechan de un sistema que les beneficia política y económicamente. Los casos de Said Bouteflika, hermano del presidente argelino, o de Said Haddad, poderoso presidente del Foro de los Jefes de Empresa, son examinados de manera bastante superficial por Benchicou, a pesar de las aportaciones de estas dos personas a la organización del poder argelino, así como a la definición de sus políticas.

Si hubiera sido escrito con menos resentimiento, con más distancia, y utilizando menos palabras insultantes para el presidente y el sistema argelinos, seguramente que el libro de Benchicou hubiera ganado más en calidad y, probablemente también, en credibilidad. El periodista es conocido como una persona sincera, que desea lo mejor para su país; y en eso no cabe ninguna duda. Pero también Benchicou ha sido engañado varias veces a lo largo de su vida por fuentes, supuestamente bien informadas, que le acabaron alimentando con informaciones falsas. La parte fáctica de este libro parece bastante fiable y documentada; pero las muchas cosas que Benchicou dice sobre la personalidad de Abdelaziz Bouteflika carecen de pruebas o de referencias irrefutables.

Mientras se pueden aprender cosas de este libro, tampoco se trata de una referencia imprescindible para la comprensión de las lógicas del poder argelino. “Bouteflika, una farsa argelina” sobrevivirá más a través la reputación de su autor que por su contenido.

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