Leyla Hamad: « Es poco realista pensar que volveremos a tener un Yemen unido y centralizado »

Leyla Hamad: “ Es poco realista pensar que volveremos a tener un Yemen unido y centralizado”

 

Yemen está en guerra desde hace tres años. A estas alturas, no hay nada en concreto que indique una salida a este conflicto. Para entender mejor lo que ocurre en este país, hablamos con Leyla Hamad Zahonero, investigadora del departamento de Estudios árabes e islámicos y Estudios orientales de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

Stractegia- La Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha votado a favor de la investigación de una supuesta participación americana en las torturas en las cárceles en Yemen. ¿Cómo influye este asunto sobre la percepción que tienen los yemenís de los EE. UU.?

Leyla Hamad- Tradicionalmente, Yemen ha sido un país en el que ha predominado cierto sentimiento anti-americano. Este sentimiento se vio exacerbado a partir de 2002, con el inicio de las operaciones norteamericanas en Yemen y, más concretamente, con la campaña de drones llevada a cabo por Estado Unidos. Recordemos que según la New American Foundation, desde 2002 Estados Unidos ha matado a cerca de 1.500 personas en ataques con drones en un total de 263 operaciones, una llevada a cabo por la administración Bush, 189 por la administración Obama y, hasta el momento, 79 por la administración Trump.

La lucha antiterrorista en Yemen ha sido una de las prioridades de la política exterior norteamericana, y en la actualidad, sigue siendo así. Cuando, en 2015, el personal diplomático y militar estadounidense desplegado en Yemen fue evacuado, Estados Unidos perdió, en gran medida, su capacidad de operar en el país teniendo, sobre todo, un gran impacto en materia de inteligencia. La entrada de las fuerzas emiratíes sobre el terreno durante la operación para la captura del puerto de Mukalla en 2016 ofreció la posibilidad a Estados Unidos de volver a entrar en el país. Desde entonces, la alianza con los emiratíes se ha reforzado y, a pesar de que Estados Unidos ha insistido durante mucho tiempo en que esta se limitaba a asesoramiento, lo cierto es que los altos cargos norteamericanos se han visto obligados a reconocer su implicación directa en algunas operaciones de captura de presuntos militantes de al Qaeda, o su participación en los interrogatorios que llevan a cabo las fuerzas de seguridad yemeníes o emiratíes.

Es un punto muy delicado de la colaboración estadounidense-emiratí. El panel de Expertos de Naciones Unidas denunció en su informe final las prácticas llevadas a cabo por las fuerzas emiratíes en las cárceles clandestinas de Yemen. Estas abarcan desde golpes hasta electrocuciones. Otros informes hablan también de quemaduras y otros tipos de tortura. En este contexto, el Congreso de Estados Unidos ha aprobado la constitución de una comisión que investigue si el personal norteamericano en Yemen está implicado en la práctica de la tortura en dichos centros clandestinos de detención. Ya sea de manera directa o, simplemente dejando que los socios emiratíes realicen “el trabajo sucio”, el impacto de esta noticia en la población yemení no hará sino acrecentar el sentimiento anti-americano predominante en el país. Un sentimiento que sirve de campo de cultivo para el yihadismo internacional, pero que también genera gran frustración y sentimiento de alienación entre muchos yemeníes alejados de idearios yihadistas.

Stractegia- ¿Quién tiene capacidad para presionar a los Estados del Golfo que están involucrados en Yemen para que acepten dialogar con los huzíes?

Leyla Hamad- Es precisamente Estados Unidos y la Unión Europea los que pueden ejercer una presión más efectiva en los países del Golfo y en los países de la Coalición para que se establezca un diálogo con el fin de conseguir la paz. Sin embargo, y lamentablemente, este escenario parece aún muy lejano. De hecho, tanto Estados Unidos como Gran Bretaña y otros países de la Unión Europea, entre los que se encuentra España, están vendiendo armas y material bélico a los países de la Coalición.

En el caso de Estados Unidos, como nos hemos referido anteriormente, existe una implicación directa en el conflicto bélico. Además de su participación en las operaciones reconocidas por los altos cargos estadounidenses y que están dirigidas contra militantes de al Qaeda, existe un creciente convencimiento de que también pueda estar llevando a cabo operaciones directas contra los huzíes. En este sentido, Abdelmalik al Huzi, líder actual del movimiento, acusó directamente a Estados Unidos de la muerte del huzí Saleh al-Sammad, el presidente del Consejo Político Supremo. Según otras fuentes, los responsables de dicha muerte fueron los Emiratos Árabes Unidos, el otro gran aliado de Estados Unidos en la guerra de Yemen. No obstante, operaciones como las llevadas contra Saleh al-Sammad dificultan el proceso de negociación, en tanto que se reconocía a al-Sammad como una figura conciliadora y, por lo tanto, un potencial mediador entre los huzíes y la Coalición. De hecho, una semana después de su muerte, tenía prevista una reunión con el Enviado Especial de Naciones Unidas.

El nuevo Enviado Especial de las Naciones Unidas, Martin Griffiths, es, en la actualidad, la figura en la que se aglutinan todas las expectativas para poder conseguir la paz en Yemen. Su trabajo hasta el momento está resultando promisorio, ya que está llevando a cabo un proceso más inclusivo y más acorde con la realidad de la guerra yemení. No obstante, aún es muy pronto para valoraciones triunfalistas, sobre todo si atendemos a que por mucho que el Enviado Especial llegue a lograr establecer compromisos entre ambas partes, si no se cuenta con el apoyo decisivo de Estados Unidos -que es quien realmente puede ejercer una presión más efectiva-, al menos en lo que se refiere a sus socios saudíes y Emiratíes, todos los acuerdos y compromisos acabarán siendo papel mojado.

Stractegia- Las Naciones Unidas han advertido de que cualquier operación destinada a tomar Hodeidah podría afectar negativamente la entrada de ayudas humanitarias en Yemen. Si la coalición fuera a tomar el control del puerto, ¿cuál cree usted que sería el siguiente paso y quién se vería más afectado por estas evoluciones?

Leyla Hamad- Hodeidah es el principal puerto de Yemen. Antes de la guerra, el puerto era responsable de generar el 41% de los ingresos aduaneros del país. Hasta ahora, estaba controlado por las fuerzas huzíes; también es, aparentemente, por donde Irán abastece de misiles al grupo rebelde. Por otra parte, es también por donde entra el mayor flujo de ayuda humanitaria y las principales importaciones comerciales de comida. Según los informes de destacados investigadores especializados en Yemen, los huzíes ingresan por tasas de aduana cerca de 10 billones de riales yemeníes, un equivalente a 30 millones de dólares -la mayoría de los cuales se realizan por el puerto de Hodeidah. Además, se trata de su principal salida al mar.

Últimamente, las inmediaciones de Hodeidah se han convertido en el principal campo de batalla de la guerra. La Coalición se apoya, en la Costa Este, en la llamada resistencia Nacional Yemení, que se compone de varias formaciones; la Resistencia Tihama, las tropas terrestres emiratíes, fuerzas salafistas y, en la actualidad, también unidades de la antigua Guardia Republicana de Ali Abdallah Saleh lideradas por Tareq Saleh, sobrino y yerno del expresidente. Esta última ha empezado a luchar junto a la Coalición desde hace poco más de un mes. Los combates, recrudecidos en las últimas semanas, han permitido a estas fuerzas avanzar hacía el puerto. Si bien Estados Unidos ha declarado que no apoya la toma de Hodeidah, y los emiratíes han destacado que sin la luz verde del aliado norteamericano no tratarán de entrar en la ciudad, lo cierto es que, en los últimos días, Emiratos Árabes Unidos ha reconocido no tener capacidad para controlar a todas las fuerzas que luchan en la Costa Este, y que existe la posibilidad de que se produzca su entrada con o sin consentimiento de Estados Unidos.

Una de las principales prioridades del Enviado Especial de la ONU ha sido frenar la ofensiva contra el puerto de Hodeidah, y tratar de lograr una retirada huzí pactada que coloque a Hodeidah bajo la supervisión directa de Naciones Unidas, conforme recomendaba el Panel de Expertos de la ONU. Esta solución garantizaría, de un lado, que Irán no enviara misiles a los huzíes -al menos por el puerto de Hodeidah-, y de otra parte, aseguraría la entrada de alimentos, medicinas y la ayuda humanitaria en el país, donde recordemos existen 22 millones de personas que dependen de la misma. Y es que, conforme a Naciones Unidas y las principales organizaciones que operan en Yemen, el puerto constituye un salvavidas en el que se apoyan muchos yemenís en situación de necesidad. Además, como lo dice Naciones Unidas, si los combates alcanzan la ciudad de Hodeidah, se generaría cerca de 340.000 nuevos desplazamientos.

Además de las consecuencias devastadoras para la población yemení, merece la pena destacar que la toma de Hodeidah sería un fuerte revés para el proceso de paz y para la mediación internacional encarnada en la figura del Enviado Especial de la ONU, en un momento, precisamente, en el que parece que se han reabierto los canales de comunicación y se están efectuando avances.

Por otra parte, se ha considerado que la toma de Hodeidah representaría un punto de inflexión en la guerra, ya que se cree que obligaría a los huzíes a rendirse o, al menos, aceptar la negociación en términos más favorables para la Coalición. Sin embargo, y sin minimizar el impacto que esta tendría sobre la facción huzí, lo cierto es que el grupo seguiría controlando un vasto territorio de Yemen que incluye la capital del país. Además, no deben perderse de vista los costes de la toma de Hodeidah, ya no sólo en términos humanitarios sino también las consecuencias políticas que podría acarrear. El proceso de mediación se vería seriamente perjudicado, pero también debemos tener en cuenta que la entrada de la Coalición en Hodeidah traería consecuencias para la imagen de la propia Coalición, e incluso para la política interna de Estados Unidos, en tanto que generaría una oposición adicional en el Congreso a las actividades que los aliados de Estados Unidos llevan a cabo en Yemen.

Stractegia- ¿Hay evidencia de una fuerte relación entre Irán y los Húzies?

Leyla Hamad- Desde hace tiempo, los medios de comunicación se refieren a la guerra en Yemen como una de las denominadas “guerra proxy”, o si se prefiere, “guerra por delegación” que tiene lugar, en este caso, entre Arabia Saudí e Irán. Efectivamente, en la actualidad, no se puede hablar de Yemen como una guerra civil liderada por los huzíes contra el presidente Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, puesto que la guerra se ha regionalizado e incluso internacionalizado. Hoy en día, son diversos los Estados, y existen pluralidad de fuerzas armadas, que están interviniendo en el conflicto, haciendo que el mismo sea cada día más complejo y de más difícil resolución.

Tanto Estados Unidos como su socio Arabia Saudí acusan a Irán de estar financiando a los huzíes, a los que se refieren como una fuerza militar del gobierno de Teherán. Actualmente, hay sobrada evidencia de que el apoyo de Irán a los huzíes es real; sin embargo, todavía no se sabe hasta qué punto. Según el reciente informe final del Panel de Expertos de Naciones Unidas, se ha comprobado que en el armamento utilizado por los huzíes para atacar a Arabia Saudí, hay algunos misiles procedentes de Irán.

Lo cierto es que hasta 2011, y a pesar de lo que el expresidente Ali Abdallah Saleh afirmaba sobre el peligro del “creciente chií” en la Península Arábiga, la relación entre el movimiento huzí e Irán era débil, y era muy improbable que existiera una financiación directa del gobierno de Irán. En cambio, parece probado que se realizaban aportaciones por parte de los diversos actores pro-iraníes instalados en Yemen; los hawzas – los seminarios religiosos del Islam chií – y/o las obras caritativas contribuían económicamente al movimiento huzí. Hasta el momento, las diferencias doctrinales entre el islam chií de los huzíes, el zaydismo y la escolástica duodecimana de Irán evitaron que existiera una mayor alianza. Fue a partir de 2011, pero sobre todo a partir de 2015, con el comienzo de los bombardeos de Arabia Saudí en Yemen, cuando Irán incrementó notablemente su apoyo a los huzíes. A pesar de que Yemen no constituye una prioridad para Irán, según muchos analistas, la alianza con los huzíes sí les ha proporcionado la posibilidad de probar las capacidades defensivas de su rival regional, así como la respuesta de Estados Unidos a los ataques en suelo saudí.

Stractegia- ¿Hay algún tipo de acuerdo político que podría funcionar para Yemen? ¿En qué estaría basado? ¿Un rol más importante para individuos, tribus y/o partidos, por ejemplo?

 Leyla Hamad- Si atendemos a las deficiencias de la Conferencia de Reconciliación Nacional que tuvo lugar en el bienio 2012-2014, efectivamente, para lograr establecer un proceso de paz perdurable en Yemen, se debería atraer y dar voz a todas las fuerzas políticas y sociales presentes en el país, incluidas aquellas que no resultan cómodas pero que juegan un papel en el Yemen actual. Es decir, cualquier forma de mediación deberá contemplar una mayor inclusividad de la demostrada en aquellos años.

Hasta el momento, el principal impedimento para la consecución de la paz ha sido que, en gran medida, ambos bandos se han creído capaces de lograr una victoria militar sobre su oponente. Esta creencia ha supuesto que ninguno de ellos se haya visto forzado a aceptar compromisos políticos serios. Es más: ninguna de las dos partes está sufriendo la guerra al nivel de lo que sufre la población civil, que se encuentra extenuada después de cerca de 4 años de conflicto.

Además, en la mediación articulada por Naciones Unidas, han existido, desde el principio, graves errores estructurales que imposibilitaban un acuerdo. Y es que, como insistíamos antes, ésta ya no es una guerra binaria, sino una guerra con múltiples actores tanto locales como regionales. Y la mediación de Naciones Unidas, hasta el momento, ha tratado a los huzíes y al gobierno de al-Hadi como los únicos actores que debían llegar a acuerdos y conseguir la paz. Esta perspectiva no sólo no es realista, sino que tampoco lograría solucionar el conflicto actual.

Existe, por lo demás, un problema con las legitimidades; hoy, ni los huzíes representan todas las fuerzas del norte, ni al-Hadi representa todas las fuerzas anti-huzí, por lo que se haría necesaria una participación activa en el proceso de paz de todas las facciones políticas y armadas que están operando in situ.

Por otra parte, hasta el momento, la mediación de Naciones Unidas ha empleado como documento básico de partida la resolución de la ONU 2216 que ha quedado obsoleta y que, sobre todo, pone algunas precondiciones para poder iniciar las negociaciones que son poco factibles, de momento, como la exigencia de la retirada y el desarme de los huzíes, y el compromiso de que Irán no apoye a los huzíes. Desde la perspectiva del grupo huzí, ellos no están en una situación que les obligue a aceptar estas condiciones, ya que consideran que, si bien no están ganando la guerra, tampoco la están perdiendo.

Afortunadamente, todo parece indicar que el nuevo Enviado Especial para Yemen, Martin Griffiths, ha iniciado una ronda de conversaciones y que, en su agenda, está previsto llevar a cabo un proceso de mediación mucho más inclusivo de lo que se ha realizado con sus dos antecesores.

Stractegia- ¿Cree Ud. que estamos frente a un riesgo de partición del Yemen a medio o largo plazo?

Leyla Hamad- Efectivamente, el tema de la partición de Yemen es un asunto que ahora debe abordarse con dedicación. Uno de los motivos esgrimidos por los huzíes para tomar Sanaa fue precisamente el plan federal que proponía Abd Rabbuh Mansur al-Hadi en 2014 y que no satisfacía las expectativas huzíes.

Es más, la partición de Yemen ha estado sobre el tapete en los últimos años, sobre todo a raíz del establecimiento en 2007 del movimiento sureño al-Hirak, que buscaba la secesión con el norte. La diferencia es que entonces, al-Hirak no era un movimiento tan estructurado como lo es en la actualidad. Y es que, una de las consecuencias que está teniendo la guerra es precisamente esa, la proliferación de actores que ganan cada vez más peso e influencia en diferentes regiones en Yemen. De hecho, actualmente, en el sur, podemos encontrar un movimiento secesionista cada vez más autónomo, más organizado y más armado que cuenta con instituciones, infraestructura, fuerza militar e inteligencia, con liderazgo estructurado y que, además, está legitimado a nivel local, y tiene apoyos internacionales. Todos estos hechos permiten pensar que efectivamente, la independencia del norte es mucho más posible ahora que años atrás.

De este modo, la guerra y la desconexión territorial a la que se está enfrentando Yemen, nos hace asistir a un cambio profundo que afecta no sólo al poder central, sino también al control territorial, y que difícilmente será revertido con un acuerdo de paz. Existen múltiples actores que han ganado en los últimos años autonomía; por lo tanto, habrá que empezar a contar con todas estas fuerzas locales para repensar cómo será el futuro Yemen, puesto que es poco realista pensar, de momento, que volveremos a tener un Yemen unido y centralizado.

Entrevista realizada por Ronny Nehme, asistente de investigación en Stractegia.

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