Entrevista con Ahmad Faryani, de un “gobierno del Fezán”

Moammar Gaddafi cayó en 2011, pero el sur de Libia sigue con su inestabilidad. Varios grupos de oponentes originarios del Chad, Sudán y Libia, aprovecharon la inestabilidad política para esconderse en el Fezán, una región un poco más grande que España.

Este descontrol sigue teniendo consecuencias sobre los ciudadanos y sus condiciones de vida. Lo único que ha cambiado es el hecho de que, a lo largo de los meses pasados, las tropas del Ejercito Nacional Libio (ENL), lideradas por el mariscal Jalifa Haftar , han conseguido tomar el control de la totalidad de la región sur; los gobiernos que se habían sucedido a lo largo de los años pasados habían fracasado en sus intentos.

El papel del ENL no ha puesto límites a la extensión de la inseguridad en el sur. Los ciudadanos se quejan de que los secuestros y la guerra, así como las actuaciones violentas de parte de grupos armados, sigan afectando muchas regiones del sur, entre ellas los alrededores de Sebha. Esta situación ha llevado a personalidades influyentes del sur, entre ellas muchos notables y jefes de tribus, a pedir la creación de un “gobierno del Fezán”, para poder atender mejor a los ciudadanos del sur y a sus necesidades.

Para entender lo que está ocurriendo en el sur, hablamos con Ahmad Faryani, fundador del movimiento para la constitución de un “gobierno del Fezán”.

 

 

¿Cuáles son los objetivos de este “gobierno de Fezán” que tenéis la intención de proclamar a corto plazo?

Nuestros objetivos son claros: garantizar la seguridad del Fezán, así como excluir de esta región a todas las bandas tubus aliadas con el Estado Islámico. Destaca aquí cómo esta alianza ha sido consecuencia de la entrada del ENL en la región sur y de sus ataques contra tubus chadios así como contra los oponentes tubus en general.

Pero también tenemos como objetivo devolver a los ciudadanos del Fezán sus derechos civiles, económicos, sociales y políticos; y no nos importaría tener que cerrar los puntos de entrada de mercancías o las vías de acceso a las partes este y oeste del país para conseguirlo.

No nos mueve ninguna intención de venganza,  somos todos libios, pero sí, creemos que la solución para Libia vendrá del Fezán. Especialmente ahora que vemos cómo el enfoque que han puesto los protagonistas, en la defensa de sus intereses políticos propios,¡ con la intención de tomar el poder a cualquier precio, han tenido consecuencias muy negativas sobre los ciudadanos del este y del oeste del país.

 

Vuestro proyecto de gobierno, ¿lo apoyan actores locales o extranjeros?

Hay mucha gente dentro del Fezán que apoya a nuestro proyecto, más que nada porque cree en la necesidad para el sur de encontrar una solución a sus problemas. Fuera de Libia, no hemos tenido contactos con ningún actor. Pero en Libia, más allá del Fezán, tenemos contactos y canales de comunicación con determinadas personas.

 

¿Se puede decir que vuestro proyecto también es consecuencia de la actuación débil de los gobiernos que se han sucedido en Libia a lo largo de los años pasados?

Por supuesto. Los ciudadanos del sur de Libia han querido este proyecto por varias razones: la situación débil que prevalece en el país, el caos, así como el fracaso de ambas las instituciones del este y del oeste a la hora de garantizar a los libios servicios adecuados y seguridad. Destaca cómo los libios quieren recuperar su dignidad, y por eso, hablan de la necesidad de dar plazo a lo que llaman “el gobierno digno del Fezán”.

 

Hay quien dice que este gobierno va a fracasar, especialmente porque quiere constituirse mientras hay fuerzas militares y de seguridad originarias del este del país que ya están actuando en el terreno.

Nosotros no estamos ni con, ni en contra de ninguno de los protagonistas libios, especialmente a partir del momento en el que ellos llevan a cabo sus misiones, empezando por garantizar la seguridad. Dicho eso, hay que incidir en que las bandas terroristas del Estado islámico están ahora aliadas con los tubus; ambos se han propagado en la región nada más ver al ENL entrar en el sur. Antes, el Estado Islámico no existía aquí. Además, estas “fuerzas originarias del este” que mencionas son un nombre, sin realidad concreta. Es verdad que el ENL entró en el sur, y llevó a cabo aquí la misión que tenía en mente, pero al día siguiente se retiró en circunstancias opacas, dejando a la gente sola frente a los asesinatos y a los desplazamientos.

 

¿Qué opinan las tribus y las personalidades influyentes en cuanto a vuestro proyecto? ¿Os habéis puesto en contacto con ellas?

Sabemos que muchas personalidades con peso, así como muchos jefes de tribus, están a favor de nuestro proyecto. Dicho eso, de momento, no nos hemos puesto en contacto con ellos, nuestro proyecto se acaba de poner en marcha. Además, estamos intentando crear comités para que hagan propuestas que correspondan a las necesidades de la gente. Lo que esperamos es que estas propuestas sean recibidas de manera positiva, pero lo que nos llega sobre el asunto ya nos reconforta en este sentido.

 

¿Nos puede dar ejemplos de los principios y los valores que motivan vuestra acción?

Por supuesto. Primero, consideramos que tenemos derecho a proclamar un “gobierno del Fezán” que garantice nuestra seguridad y que defiende nuestros derechos. Segundo,  estaremos con el este, así como con el oeste, el día que se pongan de acuerdo uno con el otro, más que nada porque nos importa Libia y queremos defender a nuestro país.

Nosotros no somos separatistas, pero sí nos importa conseguir nuestros derechos, quedándonos lejos de los combates que hay en el norte del país. Como ya he mencionado antes, nuestro slogan está claro: queremos un “gobierno digno para el Fezán”.

 

¿Qué  opináis de lo que se dice en cuanto al ex Primer ministro Ali Zidan y a su intención de unirse a vuestro proyecto?

Son mentiras. Nuestro movimiento no está vinculado a ninguna personalidad tipo Ali Zidan.

 

Entrevista conducida por Mohammed Sreit

Superar la inseguridad en Libia (con la Fundación Alternativas)

La situación actual en Libia deriva de problemas diversos, la gran mayoría de los cuales no encontrarán solución en el corto plazo. La evolución que ha experimentado el país desde 2011 se ha visto marcada por acontecimientos que no sólo han acentuado los obstáculos, sino que han aumentado la dificultad de ponerles remedio.

Naciones Unidas (ONU) trata hoy por hoy de involucrarse en el proceso para así contribuir a aliviar varias de estas dificultades. Sin embargo, y a pesar de la determinación del enviado especial de la ONU para Libia, Ghassan Salamé, la oportunidad de conseguir un progreso real sigue siendo limitada. El Enviado anunció recientemente la celebración, en Ghadames, de una conferencia nacional a mediados de abril de este año. ¿Ayudará esta a definir soluciones para la situación actual? Pocos son los elementos que llaman al optimismo en la actualidad, especialmente después de que el “hombre fuerte del este”, el mariscal Jalifa Haftar, lanzara a principios de abril de 2019 una operación militar con el objetivo de tomar el control de la capital, Trípoli.

Para una mejor comprensión de la situación, este Memorando examinará los problemas más destacados a los que se enfrenta Libia, culminado por un esfuerzo de listar una serie de recomendaciones, dirigidas a la «comunidad internacional» – Unión Europea y España incluidas – para ayudar al país a avanzar hacia una situación más positiva. Para ello explicará, en primer lugar, los eventos más importantes que han marcado el contexto del país a partir de 2011. A continuación, el análisis se centra en la situación a nivel nacional, con particular énfasis en el frente político y de seguridad, para después ampliar el foco a la situación geopolítica regional. (Seguir leyendo)

La alquimia argelina, señales de alarma al régimen

En 2011, el mundo árabe entró en una fase histórica que sigue siendo de actualidad. La “Primavera árabe” marcó un paso muy importante, y fueron muy pocos los observadores que lo anticiparon.

Una situación parecida se está repitiendo hoy en Argelia. Nos habíamos acostumbrado tanto al reinado de Abdelaziz Buteflika, cuya presidencia empezó en el año 1999, que no quisimos creer en ninguna posibilidad de cambio.

Buteflika pudo encadenar cuatro mandatos seguidos gracias a un sistema que le apoyó a cambio de privilegios concedidos a empresarios, políticos, militares, así como miembros de los servicios de inteligencia. De aquí también el hecho de que Argelia sigue contando hoy como uno de los países los más corruptos del mundo, según la ONG Transparency International.

La situación económica de Argelia no es sana. La dependencia de la economía argelina a los ingresos generados por el gas y el petróleo permitió al aparato de estado comprar la “paz social” durante décadas. Pero algo cambió; el envejecimiento del presidente vino junto a un rejuvenecimiento de la población. El 55% de los argelinos tienen menos de 30 años, mientras los menores de 25 años forman más de 45% de la población, según los datos de la oficina nacional de las estadísticas argelina. Y son estos jóvenes que forman el corazón de la dinámica social argelina.

Buteflika tuvo su momento de gloria, y son una minoría los que lo odian. A pesar de sus defectos, se le reconoce como quien permitió al país romper con la “década negra” de los noventa, cuando los enfrentamientos entre el Ejército y varios movimientos islamistas dejarón más de 150 000 muertos.

Además, a la hora de buscar quienes son los culpables de los fallos y de los límites del país, la población tiende a criticar a elementos ocultos que forman parte del sistema más que a atacar al presidente. Para los argelinos, Buteflika no es mucho más que una pieza manipulada por unos hombres en la sombra que siguen aprovechándose del sistema. Consideran que esta actitud relativiza la culpa del presidente argelino, aunque sin disculparle totalmente.

Por mucho, con las manifestaciones actuales, Argelia está demostrando, una vez más, su singularidad en el mundo árabe. En 2011, los argelinos no quisieron imitar a los países de alrededor: consideraron que la Primavera argelina ya había ocurrido en 1988, cuando salieron a las calles para reclamar el fin de un sistema basado sobre un partido único. Hoy, se manifiestan mientras todos aquellos que se habían levantado en 2011 están intentando volver a sus casas. Pero tampoco nos debe de extrañar este hecho de parte de un país conocido como uno de los más orgullosos de la región.

¿Que va a ocurrir ahora en Argelia? En realidad, es imposible saberlo. El presidente Buteflika está ingresado actualmente en un hospital en Suiza. Si se ve obligado a renunciar a un quinto mandato, el aparato de estado recurrirá a un candidato alternativo para representar al partido del Frente de Liberación Nacional. Pero hasta en este caso, igual ganará las elecciones del 18 abril de 2019 el candidato del, sistema sea quién sea. A pesar de todo, eso no es lo que más cuenta, de momento.

Lo más importante hoy es ver como los argelinos, empezando con los jóvenes, han logrado mandar señales de alarma al régimen. Es un paso positivo. Pero para que sea determinante, las asociaciones de la sociedad civil necesitan organizarse de manera eficiente. Si el poder argelino logró imponer sus deseos a la población, es porque pudo aprovecharse de las debilidades de una sociedad civil incapaz de organizarse eficientemente. Si los argelinos desean reformar el país a largo plazo, lo lógico es que empiecen reformando sus malos hábitos ya.

Barah Mikail

(Este artículo ha sido publicado en la edición del domingo 3 de marzo de 2019 del periódico La Razón)

Leyla Hamad: «Es poco realista pensar que volveremos a ver un Yemen unido»

Yemen está en guerra desde hace tres años. A estas alturas, no hay nada en concreto que indique una salida a este conflicto. Para entender mejor lo que ocurre en este país, hablamos con Leyla Hamad Zahonero, investigadora del departamento de Estudios árabes e islámicos y Estudios orientales de la Universidad Autónoma de Madrid.

Stractegia- La Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha votado a favor de la investigación de una supuesta participación americana en las torturas en las cárceles en Yemen. ¿Cómo influye este asunto sobre la percepción que tienen los yemenís de los EE. UU.?

Leyla Hamad- Tradicionalmente, Yemen ha sido un país en el que ha predominado cierto sentimiento anti-americano. Este sentimiento se vio exacerbado a partir de 2002, con el inicio de las operaciones norteamericanas en Yemen y, más concretamente, con la campaña de drones llevada a cabo por Estado Unidos. Recordemos que según la New American Foundation, desde 2002 Estados Unidos ha matado a cerca de 1.500 personas en ataques con drones en un total de 263 operaciones, una llevada a cabo por la administración Bush, 189 por la administración Obama y, hasta el momento, 79 por la administración Trump.

La lucha antiterrorista en Yemen ha sido una de las prioridades de la política exterior norteamericana, y en la actualidad, sigue siendo así. Cuando, en 2015, el personal diplomático y militar estadounidense desplegado en Yemen fue evacuado, Estados Unidos perdió, en gran medida, su capacidad de operar en el país teniendo, sobre todo, un gran impacto en materia de inteligencia. La entrada de las fuerzas emiratíes sobre el terreno durante la operación para la captura del puerto de Mukalla en 2016 ofreció la posibilidad a Estados Unidos de volver a entrar en el país. Desde entonces, la alianza con los emiratíes se ha reforzado y, a pesar de que Estados Unidos ha insistido durante mucho tiempo en que esta se limitaba a asesoramiento, lo cierto es que los altos cargos norteamericanos se han visto obligados a reconocer su implicación directa en algunas operaciones de captura de presuntos militantes de al Qaeda, o su participación en los interrogatorios que llevan a cabo las fuerzas de seguridad yemeníes o emiratíes.

Es un punto muy delicado de la colaboración estadounidense-emiratí. El panel de Expertos de Naciones Unidas denunció en su informe final las prácticas llevadas a cabo por las fuerzas emiratíes en las cárceles clandestinas de Yemen. Estas abarcan desde golpes hasta electrocuciones. Otros informes hablan también de quemaduras y otros tipos de tortura. En este contexto, el Congreso de Estados Unidos ha aprobado la constitución de una comisión que investigue si el personal norteamericano en Yemen está implicado en la práctica de la tortura en dichos centros clandestinos de detención. Ya sea de manera directa o, simplemente dejando que los socios emiratíes realicen “el trabajo sucio”, el impacto de esta noticia en la población yemení no hará sino acrecentar el sentimiento anti-americano predominante en el país. Un sentimiento que sirve de campo de cultivo para el yihadismo internacional, pero que también genera gran frustración y sentimiento de alienación entre muchos yemeníes alejados de idearios yihadistas.

Stractegia- ¿Quién tiene capacidad para presionar a los Estados del Golfo que están involucrados en Yemen para que acepten dialogar con los huzíes?

Leyla Hamad- Es precisamente Estados Unidos y la Unión Europea los que pueden ejercer una presión más efectiva en los países del Golfo y en los países de la Coalición para que se establezca un diálogo con el fin de conseguir la paz. Sin embargo, y lamentablemente, este escenario parece aún muy lejano. De hecho, tanto Estados Unidos como Gran Bretaña y otros países de la Unión Europea, entre los que se encuentra España, están vendiendo armas y material bélico a los países de la Coalición.

En el caso de Estados Unidos, como nos hemos referido anteriormente, existe una implicación directa en el conflicto bélico. Además de su participación en las operaciones reconocidas por los altos cargos estadounidenses y que están dirigidas contra militantes de al Qaeda, existe un creciente convencimiento de que también pueda estar llevando a cabo operaciones directas contra los huzíes. En este sentido, Abdelmalik al Huzi, líder actual del movimiento, acusó directamente a Estados Unidos de la muerte del huzí Saleh al-Sammad, el presidente del Consejo Político Supremo. Según otras fuentes, los responsables de dicha muerte fueron los Emiratos Árabes Unidos, el otro gran aliado de Estados Unidos en la guerra de Yemen. No obstante, operaciones como las llevadas contra Saleh al-Sammad dificultan el proceso de negociación, en tanto que se reconocía a al-Sammad como una figura conciliadora y, por lo tanto, un potencial mediador entre los huzíes y la Coalición. De hecho, una semana después de su muerte, tenía prevista una reunión con el Enviado Especial de Naciones Unidas.

El nuevo Enviado Especial de las Naciones Unidas, Martin Griffiths, es, en la actualidad, la figura en la que se aglutinan todas las expectativas para poder conseguir la paz en Yemen. Su trabajo hasta el momento está resultando promisorio, ya que está llevando a cabo un proceso más inclusivo y más acorde con la realidad de la guerra yemení. No obstante, aún es muy pronto para valoraciones triunfalistas, sobre todo si atendemos a que por mucho que el Enviado Especial llegue a lograr establecer compromisos entre ambas partes, si no se cuenta con el apoyo decisivo de Estados Unidos -que es quien realmente puede ejercer una presión más efectiva-, al menos en lo que se refiere a sus socios saudíes y Emiratíes, todos los acuerdos y compromisos acabarán siendo papel mojado.

Stractegia- Las Naciones Unidas han advertido de que cualquier operación destinada a tomar Hodeidah podría afectar negativamente la entrada de ayudas humanitarias en Yemen. Si la coalición fuera a tomar el control del puerto, ¿cuál cree usted que sería el siguiente paso y quién se vería más afectado por estas evoluciones?

Leyla Hamad- Hodeidah es el principal puerto de Yemen. Antes de la guerra, el puerto era responsable de generar el 41% de los ingresos aduaneros del país. Hasta ahora, estaba controlado por las fuerzas huzíes; también es, aparentemente, por donde Irán abastece de misiles al grupo rebelde. Por otra parte, es también por donde entra el mayor flujo de ayuda humanitaria y las principales importaciones comerciales de comida. Según los informes de destacados investigadores especializados en Yemen, los huzíes ingresan por tasas de aduana cerca de 10 billones de riales yemeníes, un equivalente a 30 millones de dólares -la mayoría de los cuales se realizan por el puerto de Hodeidah. Además, se trata de su principal salida al mar.

Últimamente, las inmediaciones de Hodeidah se han convertido en el principal campo de batalla de la guerra. La Coalición se apoya, en la Costa Este, en la llamada resistencia Nacional Yemení, que se compone de varias formaciones; la Resistencia Tihama, las tropas terrestres emiratíes, fuerzas salafistas y, en la actualidad, también unidades de la antigua Guardia Republicana de Ali Abdallah Saleh lideradas por Tareq Saleh, sobrino y yerno del expresidente. Esta última ha empezado a luchar junto a la Coalición desde hace poco más de un mes. Los combates, recrudecidos en las últimas semanas, han permitido a estas fuerzas avanzar hacía el puerto. Si bien Estados Unidos ha declarado que no apoya la toma de Hodeidah, y los emiratíes han destacado que sin la luz verde del aliado norteamericano no tratarán de entrar en la ciudad, lo cierto es que, en los últimos días, Emiratos Árabes Unidos ha reconocido no tener capacidad para controlar a todas las fuerzas que luchan en la Costa Este, y que existe la posibilidad de que se produzca su entrada con o sin consentimiento de Estados Unidos.

Una de las principales prioridades del Enviado Especial de la ONU ha sido frenar la ofensiva contra el puerto de Hodeidah, y tratar de lograr una retirada huzí pactada que coloque a Hodeidah bajo la supervisión directa de Naciones Unidas, conforme recomendaba el Panel de Expertos de la ONU. Esta solución garantizaría, de un lado, que Irán no enviara misiles a los huzíes -al menos por el puerto de Hodeidah-, y de otra parte, aseguraría la entrada de alimentos, medicinas y la ayuda humanitaria en el país, donde recordemos existen 22 millones de personas que dependen de la misma. Y es que, conforme a Naciones Unidas y las principales organizaciones que operan en Yemen, el puerto constituye un salvavidas en el que se apoyan muchos yemenís en situación de necesidad. Además, como lo dice Naciones Unidas, si los combates alcanzan la ciudad de Hodeidah, se generaría cerca de 340.000 nuevos desplazamientos.

Además de las consecuencias devastadoras para la población yemení, merece la pena destacar que la toma de Hodeidah sería un fuerte revés para el proceso de paz y para la mediación internacional encarnada en la figura del Enviado Especial de la ONU, en un momento, precisamente, en el que parece que se han reabierto los canales de comunicación y se están efectuando avances.

Por otra parte, se ha considerado que la toma de Hodeidah representaría un punto de inflexión en la guerra, ya que se cree que obligaría a los huzíes a rendirse o, al menos, aceptar la negociación en términos más favorables para la Coalición. Sin embargo, y sin minimizar el impacto que esta tendría sobre la facción huzí, lo cierto es que el grupo seguiría controlando un vasto territorio de Yemen que incluye la capital del país. Además, no deben perderse de vista los costes de la toma de Hodeidah, ya no sólo en términos humanitarios sino también las consecuencias políticas que podría acarrear. El proceso de mediación se vería seriamente perjudicado, pero también debemos tener en cuenta que la entrada de la Coalición en Hodeidah traería consecuencias para la imagen de la propia Coalición, e incluso para la política interna de Estados Unidos, en tanto que generaría una oposición adicional en el Congreso a las actividades que los aliados de Estados Unidos llevan a cabo en Yemen.

Stractegia- ¿Hay evidencia de una fuerte relación entre Irán y los Húzies?

Leyla Hamad- Desde hace tiempo, los medios de comunicación se refieren a la guerra en Yemen como una de las denominadas “guerra proxy”, o si se prefiere, “guerra por delegación” que tiene lugar, en este caso, entre Arabia Saudí e Irán. Efectivamente, en la actualidad, no se puede hablar de Yemen como una guerra civil liderada por los huzíes contra el presidente Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, puesto que la guerra se ha regionalizado e incluso internacionalizado. Hoy en día, son diversos los Estados, y existen pluralidad de fuerzas armadas, que están interviniendo en el conflicto, haciendo que el mismo sea cada día más complejo y de más difícil resolución.

Tanto Estados Unidos como su socio Arabia Saudí acusan a Irán de estar financiando a los huzíes, a los que se refieren como una fuerza militar del gobierno de Teherán. Actualmente, hay sobrada evidencia de que el apoyo de Irán a los huzíes es real; sin embargo, todavía no se sabe hasta qué punto. Según el reciente informe final del Panel de Expertos de Naciones Unidas, se ha comprobado que en el armamento utilizado por los huzíes para atacar a Arabia Saudí, hay algunos misiles procedentes de Irán.

Lo cierto es que hasta 2011, y a pesar de lo que el expresidente Ali Abdallah Saleh afirmaba sobre el peligro del “creciente chií” en la Península Arábiga, la relación entre el movimiento huzí e Irán era débil, y era muy improbable que existiera una financiación directa del gobierno de Irán. En cambio, parece probado que se realizaban aportaciones por parte de los diversos actores pro-iraníes instalados en Yemen; los hawzas – los seminarios religiosos del Islam chií – y/o las obras caritativas contribuían económicamente al movimiento huzí. Hasta el momento, las diferencias doctrinales entre el islam chií de los huzíes, el zaydismo y la escolástica duodecimana de Irán evitaron que existiera una mayor alianza. Fue a partir de 2011, pero sobre todo a partir de 2015, con el comienzo de los bombardeos de Arabia Saudí en Yemen, cuando Irán incrementó notablemente su apoyo a los huzíes. A pesar de que Yemen no constituye una prioridad para Irán, según muchos analistas, la alianza con los huzíes sí les ha proporcionado la posibilidad de probar las capacidades defensivas de su rival regional, así como la respuesta de Estados Unidos a los ataques en suelo saudí.

Stractegia- ¿Hay algún tipo de acuerdo político que podría funcionar para Yemen? ¿En qué estaría basado? ¿Un rol más importante para individuos, tribus y/o partidos, por ejemplo?

 Leyla Hamad- Si atendemos a las deficiencias de la Conferencia de Reconciliación Nacional que tuvo lugar en el bienio 2012-2014, efectivamente, para lograr establecer un proceso de paz perdurable en Yemen, se debería atraer y dar voz a todas las fuerzas políticas y sociales presentes en el país, incluidas aquellas que no resultan cómodas pero que juegan un papel en el Yemen actual. Es decir, cualquier forma de mediación deberá contemplar una mayor inclusividad de la demostrada en aquellos años.

Hasta el momento, el principal impedimento para la consecución de la paz ha sido que, en gran medida, ambos bandos se han creído capaces de lograr una victoria militar sobre su oponente. Esta creencia ha supuesto que ninguno de ellos se haya visto forzado a aceptar compromisos políticos serios. Es más: ninguna de las dos partes está sufriendo la guerra al nivel de lo que sufre la población civil, que se encuentra extenuada después de cerca de 4 años de conflicto.

Además, en la mediación articulada por Naciones Unidas, han existido, desde el principio, graves errores estructurales que imposibilitaban un acuerdo. Y es que, como insistíamos antes, ésta ya no es una guerra binaria, sino una guerra con múltiples actores tanto locales como regionales. Y la mediación de Naciones Unidas, hasta el momento, ha tratado a los huzíes y al gobierno de al-Hadi como los únicos actores que debían llegar a acuerdos y conseguir la paz. Esta perspectiva no sólo no es realista, sino que tampoco lograría solucionar el conflicto actual.

Existe, por lo demás, un problema con las legitimidades; hoy, ni los huzíes representan todas las fuerzas del norte, ni al-Hadi representa todas las fuerzas anti-huzí, por lo que se haría necesaria una participación activa en el proceso de paz de todas las facciones políticas y armadas que están operando in situ.

Por otra parte, hasta el momento, la mediación de Naciones Unidas ha empleado como documento básico de partida la resolución de la ONU 2216 que ha quedado obsoleta y que, sobre todo, pone algunas precondiciones para poder iniciar las negociaciones que son poco factibles, de momento, como la exigencia de la retirada y el desarme de los huzíes, y el compromiso de que Irán no apoye a los huzíes. Desde la perspectiva del grupo huzí, ellos no están en una situación que les obligue a aceptar estas condiciones, ya que consideran que, si bien no están ganando la guerra, tampoco la están perdiendo.

Afortunadamente, todo parece indicar que el nuevo Enviado Especial para Yemen, Martin Griffiths, ha iniciado una ronda de conversaciones y que, en su agenda, está previsto llevar a cabo un proceso de mediación mucho más inclusivo de lo que se ha realizado con sus dos antecesores.

Stractegia- ¿Cree Ud. que estamos frente a un riesgo de partición del Yemen a medio o largo plazo?

Leyla Hamad- Efectivamente, el tema de la partición de Yemen es un asunto que ahora debe abordarse con dedicación. Uno de los motivos esgrimidos por los huzíes para tomar Sanaa fue precisamente el plan federal que proponía Abd Rabbuh Mansur al-Hadi en 2014 y que no satisfacía las expectativas huzíes.

Es más, la partición de Yemen ha estado sobre el tapete en los últimos años, sobre todo a raíz del establecimiento en 2007 del movimiento sureño al-Hirak, que buscaba la secesión con el norte. La diferencia es que entonces, al-Hirak no era un movimiento tan estructurado como lo es en la actualidad. Y es que, una de las consecuencias que está teniendo la guerra es precisamente esa, la proliferación de actores que ganan cada vez más peso e influencia en diferentes regiones en Yemen. De hecho, actualmente, en el sur, podemos encontrar un movimiento secesionista cada vez más autónomo, más organizado y más armado que cuenta con instituciones, infraestructura, fuerza militar e inteligencia, con liderazgo estructurado y que, además, está legitimado a nivel local, y tiene apoyos internacionales. Todos estos hechos permiten pensar que efectivamente, la independencia del norte es mucho más posible ahora que años atrás.

De este modo, la guerra y la desconexión territorial a la que se está enfrentando Yemen, nos hace asistir a un cambio profundo que afecta no sólo al poder central, sino también al control territorial, y que difícilmente será revertido con un acuerdo de paz. Existen múltiples actores que han ganado en los últimos años autonomía; por lo tanto, habrá que empezar a contar con todas estas fuerzas locales para repensar cómo será el futuro Yemen, puesto que es poco realista pensar, de momento, que volveremos a tener un Yemen unido y centralizado.

Propos recueillis par Ronny Nehme, assistant de recherche à Stractegia

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